¿Cuántas veces nos pasa que nos encontramos mal por cosas que ya han sucedido, porque nos vienen recuerdos de momentos temporales pasados que nos suscitan emociones negativas y malestar? En cierta manera seguimos atados emocionalmente a los sucesos del pasado. Es cierto que aunque los recuerdos que nos producen malestar son del pasado, las emociones y sensaciones que estamos sintiendo son del presente, están sucediendo ahora. Generalmente, este malestar que nos genera esta situación imaginaria es debida a que nos comprometemos con nosotros mismos para conseguir (o rehuir) de lo que nos está suscitando emociones.
Veamos el ejemplo de un duelo ante la separación de la pareja. Es normal que tras una ruptura sentimental se produzca un proceso de DUELO en el que se pasa mal, se sufre y necesitamos un tiempo de recuperación antes de volver a estar bien. Ahora bien, si ese malestar persiste año tras año de manera continuada y ya ha pasado demasiado tiempo, se produce lo que llamamos la deuda emocional. Lo que la persona de manera más o menos consciente consigue es seguir aferrándose al recuerdo de la persona con la que estaba, no acabando de aceptar lo que sucedió, poniendo resistencia a desprenderse de su pasado y deseando poder cambiarlo.
En el caso de rehuir de las emociones que nos suscita algo del pasado, por ejemplo, una situación traumática sufrida como puede ser acoso, el mecanismo base sería el mismo: situación del pasado que nos genera malestar en el presente y que deseamos que no hubiera pasado, deseando cambiarlo y sin acabar de aceptarlo.
Esta situación genera malestar y tensión, haciendo que el estímulo del pasado nos cause más coste que beneficio, por lo que llegados a este punto tendríamos que hacernos la pregunta, ¿sirve de algo seguir con ese malestar?
Suena fácil decirlo, pero no tanto hacerlo, ya que abandonar esa deuda y ese recuerdo es complicado, pero trabajando en ello es posible. La persona en este momento no se atiene a una realidad objetiva, sino que se aferra a aquello que le permite llegar donde quiere, en este caso sería mantener el recuerdo de la persona en el caso de la ruptura de la pareja; o la necesidad de huir en el caso del acoso sufrido, algo que no acaba de aceptar. Lo que aquí hace que el malestar se siga manteniendo es la resistencia que ejercemos sobre ese estímulo pasado que no dejamos que se vaya. Es muy importante saber gestionar la situación, buscar la manera de afrontarla buscando alternativas realistas, ya que hay que aceptar lo sucedido. Una vez pasado el tiempo de duelo, cuanto más nos obstinemos a una situación pasada que suscita emociones negativas en la actualidad, mayor será nuestra deuda emocional y peor nos sentiremos.
Pero, ¿y si la deuda emocional no tiene la procedencia en el pasado, sino en el futuro? Hablaré de ello en el siguiente post, así como diferentes maneras de abordar las deudas de manera práctica para paliar ese malestar que nos está generando.